viernes, 28 de enero de 2011

Mama África



Abrid vuestras puertas al inmigrante y preguntadle cómo se llama su madre, cuales son sus sueños, cómo era su casa. Entended que los seres humanos somos lo mismo en todas partes y que la amistad de aquél que depende de la amabilidad de un extraño es sin duda un inmejorable regalo. Observad las vidas de quienes habitan a nuestro lado y preguntaos cuál es la diferencia: ¿la piel?, ¿la ropa?, ¿las costumbres?

Somos hijos e hijas de una misma tierra, hermanos y hermanas de diferente color. Hablad con ellos, apretad sus manos, besad sus mejillas y os daréis cuenta que son humanos. Sólo hacen falta sesenta segundos para conocerlos, ¿a qué esperáis para intentarlo?

lunes, 10 de enero de 2011

AÑO NUEVO



Una mariposa aletea, parpadeo, vuelvo la cabeza y el río ya ha pasado. La nieve se ha hecho nube, la nube mar, el cielo se ha apagado, hablado y callado. Una hoja se desprende y baila mecida por el viento, Martina nace, Delibes muere... ¿acaso viven las palabras que no se escriben?


Veo en mi risa una arruga nueva y en el horizonte, las rasgadas velas de mis sueños aún preñadas por el viento. No hay tierra más firme que el asfalto y sin embargo, mis pies prefieren el barro. Qué vengan, qué vengan las piedras y los palos, las crecidas, las sequías, los chapuzones, el frío, la niebla y la tibieza, que venga lo que venga, que sea lo que sea, tengo sesenta segundos para atraparlo.  

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Los SMS del desierto


Estos montocitos de piedras son un sistema de comunicación entre miembros de una familia. Se localizan en distintos puntos estratégicos, resguardados del viento y ubicados en cruces de caminos invisibles para cualquier ojo que no haya nacido en el desierto. Cuando un miembro de la familia pasa, deja una piedra en el correspondiente montón, de ese modo si otro pasa, sabe cuantos se han ido en una dirección y cuantos en otra. Al volver recogen su piedra y así todos saben que está volviendo a casa. En la vida nómada del desierto es un sistema muy útil. Cada familia tiene varios campamentos y en cada clan hay diversas familias. Con estas pilas de piedras pueden saber cuántos hay en cada campamento y deducir quienes. Barato y eficaz. 


viernes, 12 de noviembre de 2010

Vivir hasta el final o morir en el intento


Si miramos al adolescente que fuimos y tratamos de ridiculizar sus sueños y aspiraciones, si no tenemos nada que decirle o peor aún, si somos incapaces de encontrarle, entonces es que hemos fracasado como adultos.

Si comparamos las cumbres que quisimos alcanzar con las que realmente alcanzamos y nos damos cuenta que hemos perdido, no caigamos en la trampa de creer que las metas que nos pusimos estaban por encima de nuestro alcance porque eso es sólo una excusa. El adolescente que soñaba con el Everest estaba capacitado para coronarlo; nosotros no. Ya no. ¿No?

Es tramposo decir que antes teníamos toda la vida por delante. Ahora también la tenemos. Toda la vida que nos queda aguarda ante nosotros. Nunca es tarde para vivir. El problema, como dice Rafael Reig, es que nos agarramos a los campos de patatas, en lugar de seguir buscando los de amapolas blancas.

miércoles, 27 de octubre de 2010

En el mejor de los mundos


De vez en cuando me gusta pasar un rato con los callejeros del Retiro.

Ayer Quique y Jose, dos veteranos de la calle curtidos en mil plazas, estaban sentados en un banco, cerveza en mano.

Mientras Quique afina su guitarra, Jose comenta perdiendo su mirada entre los árboles de la plaza:

- ¿Sabéis cuál es el último descubrimiento de Isaac Asimov?
- No. ¿Cuál? -pregunta Quique sin dejar de ajustar las clavijas de la guitarra-.
- Pues ha demostrado que Dios no existe, que este planeta es fruto de la casualidad y que estamos solos en el universo.
- ¡Buá! Eso se veía venir.

Quique se arranca con Stairway to Heaven y Jose apura con media sonrisa su lata de cerveza.

lunes, 25 de octubre de 2010

Silenzio: el archivo de lo que no se dice

















En algún recóndito rincón de nuestra memoria existe un lugar en el que se guarda todo aquello que alguna vez callamos.

Repleto de papeles en blanco, cajas, archivadores, montones que lo llenan todo, desde el techo hasta el suelo, de izquierda a derecha y viceversa. Se nada entre columnas de papeles de inverosímiles texturas; algunos retorcidos sobre si mismos como un capullo en un jardín, otros languideciendo, altivos, tímidos o misteriosos; papeles en blanco.

Es el archivo de lo que no dijimos. En él se pueden encontrar desde la primera palabra -esa que no tiene letras-, hasta la última -ésta que no escribo ahora-. Es un lugar ingrávido en el que sólo se puede bucear, flotar, reposar, buscar y rebuscar. ¿Al encuentro de qué? De vidas que no vivimos, de secretos que no quisimos saber, de verdades que nunca reinaron porque se las mantuvo encerradas, de tesoros perdidos, de anhelos tan profundos como abismos y de sueños tan antiguos como nosotros mismos.

Y es que el silenzio no es la ausencia de palabras, sino de sonidos. Pero las palabras no necesitan del sonido para existir.  Ellas simplemente viven.

Una vez alguien dijo algo que nos hizo entender, aunque también hubo silenzios que nos hicieron comprender. Una vez alguien dijo algo que nos hizo llorar, aunque también hubo quién nos arrancó lágrimas sin decir ni mú. Las palabras. No hace falta pronunciarlas para que transmitan las emociones que las hacen nacer. 

Si el conjunto de nuestras emociones fuera nuestra vida, entonces todo aquello que callamos es la verdad más íntima de nosotros, tanto, que tantas veces lo negamos y olvidamos.   

Todos nuestros silenzios, los que mantuvimos con otras personas y también los que tuvimos con nosotros mismos, muestran la cara del espejo que refleja el alma, nuestro ego, el yo que vive la vida que nuestra conciencia deshecha por imprudente. 

Mi silenzio es un yo. 
                                 
El tuyo es un tú.
                                                           
Y éste, es un viaje para conocernos tú y yo.    





Inspirado en la inspiración de Clara Graziolino

CARTA A MIS PIES


Con la tenacidad de una hormiga he ido acopiando mis lecciones. Siempre debo recordarme que no sé nada para así ser capaz de seguir aprendiendo. Hoy soy un poco más viejo siendo aún joven. He sido capaz de nadar cuarenta largos. Antes simplemente los nadaba. 

Tengo que superarme cada día aunque tantas veces pierdo. Sigo, vuelvo, lo consigo o no, pero sigo. En mis órganos y extremidades aún se sencuentra la fuerza necesaria para hacer del mundo mi casa. En mi mente, la madurez que antes siempre me faltaba. Mis emociones aún pueden desbocarse pero también contenerse. Es un momento óptimo para convertirme en quien soy.

Si delante del espejo me miro con un solo ojo, creo que no tengo nada. Si me miro con el otro, creo que lo tengo todo. Si me miro con los dos casi no me reconozco porque me veo lejos, allá, al fondo del cristal.

Ese soy yo, me digo. Pero no me alcanzo. Cuarenta amores, cuatrocientos errores, conquistas,  decepciones, aciertos, pérdidas, hallazgos, cíclopes y sirenas. Hasta que un día vuelva a mirarme y me tenga delante y sea más viejo y siga sin saber nada pero me reconozca a mi mismo y diga: ¡Este soy yo!

Entonces tal vez mire a mi espalda para contemplar el camino y proclamarlo mío. Cuando ese yo me mire a mí quiero que no vea mentira alguna, ni odio, ni omisión. Que mis faltas sean desconocimiento y alguna dosis de cobardía, dejadez y orgullo. Cuarenta largos más.  

Desde ésta, mi atalaya, veo ya una estela tras de mi. ¡Enhorabuena mis queridos pies! Ya hemos hecho camino. Dimos muerte a los cíclopes y somos libres. La mar nos partió en dos y alcanzamos una orilla. Nos engañamos a nosotros mismos y nos desengañamos. Aprendimos y olvidamos. Vosotros, mis maltrechos pies, sabéis mejor que yo cuánto hemos andado ya. Pero yo mejor que vosotros sé cuánto nos falta. 

Así pues, en marcha que no es tiempo ahora de mirar atrás. Delante tenemos un puente tendido suspendido sobre un abismo. Os necesito cautos y ligeros. Vayamos despacio, sin miedo.

¿Os acordáis de Mohammed en Al Hoceima? Atravesamos los cedrales ladera arriba y al llegar, la cumbre resultó ser un acantilado panorámico con vistas a España, allende el mediterráneo. Allí sentados, Mohammed nos dijo que él no creía en Dios. Ni en el musulmán ni en el cristiano. Que él sólo creía en sus pies.

Vayamos pues, para que cuando alcancemos al yo del espejo hayamos hecho de nuestro camino un Dios al que rezar ante el siguiente abismo. Porque los senderos por los que pasamos trenzan los estribos que nos sujetarán en el siguiente desfiladero.  Por eso es tan importante respetar el camino de quienes se cruzan en el nuestro, porque cualquier tensión o distensión indebida podría hacerle caer o desviarse significativamente.    

Las personas pasamos por la vida de otras personas de muy distintas maneras. Hay quienes se cruzan a toda velocidad, hay quienes te acompañan y quienes se cuelgan. Unos te animan otros te empujan, unos te guían otros te arrastran. Sumidos en nuestra ignorancia, trazamos nudos unos con otros que conforman una red.

Al contrario que el resto de las religiones, la de mis pies no le dice a nadie como debe caminar. Porque tu Dios dicta tus pasos y el mío los míos. Camino y dejo caminar porque creo que lo único que nos espera más allá somos nosotros mismos.

Donde no haya camino solo queda volar. Pero los pies no vuelan; tendré que perderlos. Entonces tiraré del hilo de las lazadas de mi vida y con el tejeré mis alas.  Por eso es tan importante respetar el camino de quienes se cruzan en el nuestro. Porque una puntada mal dada te puede joder la eternidad.

Mis queridos pies; caminar sin pisar a nadie, sin poner la zancadilla y sin un norte más al norte que el del resto. Porque vosotros, aunque seas dioses, sólo sois carne, hueso y sangre. Allá donde me dejéis, volveré a encontraros. Vosotros sois mi conexión con la tierra y seguiréis siéndolo cuando muera.

Vayamos pues, mis queridos pies. Que después de éste puente habrá un valle o una montaña o un mar, un río, otros pies, otros suelos, nuevas ampollas. Podremos bailar y chapotear, os lo prometo.

Vamos. Id vosotros delante que ahora os alcanzo. 

Rode Maan. 16 de febrero de 2010.